miércoles, 8 de mayo de 2013

Conoce la primera crítica del libro más vendido y comentado en las ferias literarias de Caracas en el blog:http://unanaranjaentera.wordpress.com/2011/09/18/3olibros-un-libro-de-este-ano-1730/



VENEZUELA EN ROJO SANGRE

¿Cuál es la causa por la que al país con mayor cantidad de recursos del planeta, cuna del aclamado por las mayorías como el segundo “libertador y redentor”, se le pronostique un mañana tan gris? Son muchas, pero sin duda la principal fue tener una sociedad de oídos sordos ante la advertencia de Isabel Agüera: “Entre educar y manipular tan sólo hay un paso. Si no se vigila, la manipulación se impone”. No hay discusión, “el chavismo” se impuso… Y duro, duro como se impone el poder político y eclesiástico sobre los pueblos, como se impone el materialismo capitalista en todos los gobiernos, como se impone el cáncer sobre el cuerpo de un hombre, como se impone el mal en el mundo: arrinconando a una minoría de personas de bien que, apabulladas ante la gigantesca y poderosa masa alienada por monitores de nueva generación, no les queda de otra que orar esperanzadas únicamente en la Justicia Divina.

Hoy la muy dudosa “democracia” venezolana se escribe con la D de decadencia, deterioro y desorden, y la distancia sideral que separa el lenguaje del oficialismo con el de la oposición (sumando los picos extremos a los que la ignorancia de los pueblos puede llegar cuando se les suministra el opio ideológico a grandes dosis), hace predecir que no se podrá lograr el diálogo conciliador y menos aún adoptar con urgencia las medidas necesarias para mitigar el desastre inminente de la nación bolivariana, destinada sin remedio a finalizar en el mismo callejón oscuro y trágico en el que otras naciones terminaron: con rodilla en tierra y cuerpo entero suplicando ser liberados de sus propios emancipadores, todo por la irracional aventura de haber correteado cual ovejas ciegas tras un carismático pastor.

El insolucionable problema es que el comandante supremo (ahora también suprema santidad de la nueva religión mediática criolla) se marchó dejando una gran orden en medio de un gran desorden, orden que de no cumplirse se consideraría una traición a la patria y una blasfemia sobre su templo ideológico: consolidar el socialismo “cristiano” y la “revolución” latinoamericana. Pero, ¿a quién se le ocurre la disparatada idea de forjar un socialismo sin contar con su elemento primordial: la sociedad? Sí…, sólo a Chávez…  ¿Y a quién, en su sano juicio, se le metería en la cabeza crear algo cristiano sin cristianos y una revolución sin revolucionarios? Pues a Chávez… (y al Papa).

Por un lado, es patente que los venezolanos socialistas, tal como le ocurre a los cristianos con el evangelio, jamás han entendido (si alguna vez lo leyeron) el significado de sociedad, que para nada es una fauna silvestre fragmentada en dos bandadas de animales disputándose el territorio; sino todo lo contrario, es la raza humana reunida como socios (de allí la palabra sociedad) en un país cuya convivencia es lograda del único modo con que la raza humana puede relacionarse: la comunicación. Cuando esta comunicación se pierde, “manoseada” con destreza por expertos politiqueros y por medios de información vendidos a los poderes (sobre todo el electoral), las personas pasan a ser una especie de tribus de zombies que van cruzándose unos a otros, impermeables al encuentro y al diálogo, víctimas de la división que le impusieron aquellos que pretenden perpetuar su reino, acabando entonces en lo que ya es Venezuela: un pandemónium en donde lo socio-político, lo socio-económico, lo socio-cultural, y todo lo “socio” a terminado en un sucio estado por la “manera de comunicar” adoptada por un oficialismo vulgar (mediocre en extremo e híper corrupto) y una oposición incapaz (¿o cómplice?) de instruir e higienizar un lenguaje que logre con certeza desmitificar al Estado y develar su enorme manipulación. Por otro lado, se les ha hecho creer a millones de venezolanos que son unos “revolucionarios” muy bien amaestrados y listos para la batalla, cuando la verdad es que ninguno de ellos posee las mínimas facultades para afrontar la principal pelea que la vida exige (quizás ni tengan conocimiento de ella): la pelea contra sí mismos (la misma que perdió Chávez por la vía del knock-out). No voy a explayarme a descifrar el oráculo apolíneo y su máxima “conócete a ti mismo”, ni a tratar de explicar con una tesis doctoral que si escupes hacia arriba desde un púlpito, orinas en plena vía pública, tiras en la acera desperdicios, o lanzas las mismas vulgaridades a una bella dama que a un motorizado, causarías más detrimento propio que social. Es más propicio lanzar las siguientes preguntas a todos los venezolanos que se consideran “cristo-revolucionarios” (no sin antes recordarles estas sabias palabras de Jesús: “Quien no es fiel en lo más pequeño no podrá ser fiel en lo más grande.”):

¿Cómo un país puede demostrar al mundo la grandeza de una revolución cuando su sociedad ni siquiera es capaz de cumplir fielmente las pequeñas normas del buen oír y del buen hablar, ni las más elementales leyes de tránsito, ni las normas básicas de salubridad pública y convivencia ciudadana? ¿Podría acaso proponer un cambio positivo una sociedad que como ninguna otra se aglomera frente a las ventas de licores y juegos de azar con el mismo fervor con que lo hace en un mitin político para recibir limosnas de “líderes hechos a medida de sus votantes”; cuyos maestros y alumnos parecen vivir unas eternas vacaciones en la paradisíaca isla desierta Moral y Luces; cuyos cuerpos de seguridad y entes gubernamentales son templos de fariseos y feligreses delincuentes; sociedad cuya criminalidad, impunidad y violaciones a los derechos humanos la colocan entre las primeras de la lista? ¿Dónde se ha visto que una sociedad profundamente dividida (con una clase media demonizada y destruida adrede con el fin de construir una “nueva clase social” constituida por hijos exclusivos de un caudillo, la gran mayoría hijos pobres, pobres en todos los ámbitos, cuya adopción les permite mantenerse bajo el resguardo de un Estado todopoderoso que alardea siempre porque tiene los bolsillos repletos de petrodólares) pueda ser un ejemplo para los demás pueblos de la tierra? ¿Se habrá preguntado este cabeza de familia cuántas vacas flacas vaticina haber devorado tantas vacas gordas por su afán de internacionalizarse? Ese papá despilfarrador y consentidor (con el único propósito de mantener a tantos hijos satisfechos, incluso hijos de otros países que hizo suyos, pegándolos a las repletas ubres de su vaca-nal para convertirlos en unos dependientes y eternos agradecidos de sus regalos) prefirió sustituir la educación por la cría, el pensar por el adoctrinamiento, el amor por el provecho, el debate por la comparsa... Detrás de sus consignas de libertad aún se escucha desde la mazmorra del mas allá su firme voz: “Dame, dame votos y te premio”. “Obedéceme o te caerá el peor de los castigos”. ¡Dios, qué valioso legado ha dejado! Claro, este comandante seudo místico justificó todas sus atrocidades con la sempiterna coplilla “por el bien de la patria”, del mismo modo que el dios de Israel justificó sus exterminios por lograr la patria davídica que prometió dar en exclusividad a sus “hijos predilectos”. ¡Qué diabólica similitud patriótica! Hasta un mortal como Saint Simon fue más racional que el dios antiguo al decir: “El patriotismo no es más que el egoísmo nacional; y este egoísmo provoca las mismas injusticias entre naciones que el egoísmo personal entre individuos.”

Esa fue la jugada maestra que el padrastro aplicó sobre sus hijos postizos: uni-formarlos de pies a cabeza (sobre todo cabeza) con el color de la sangre derramada por los próceres e invertir por más de una década en una aplastante campaña multimillonaria para meterles hasta las médulas “el patriotismo”. Bueno, realmente no fue una jugada maestra, fue una copia fiel de lo fraguado con anterioridad por Hitler, Stalin, Mao, Perón, Castro, Bush, Husein, Gadafi, y tantos otros “pioneros de la autopromoción”. Lo cierto es que a sus compatriotas venezolanos Chávez logró, valiéndose de la más grande maquinaria mediática ideológica que se ha conocido en años, convencerlos de que son lo que no son. Porque el venezolano no es para nada lo que cree ser…, eso que tanto le ha hecho creer los medios… Y prueba de ello es el anacronismo de presumir tener el mejor de los países cuando en realidad el peor país del mudo es, sin discusión alguna, el que posee la mayor reserva de riquezas minerales del planeta y sin embargo ostenta cuantos tipos de pobrezas existen. Frente a esta descomunal paradoja, frente a este enorme “mal entendido” tan bien incrustado en las mentes bolivarianas, se debe, sin misericordia, sacudir las conciencias con la verdad: El venezolano no es bolivariano, no es demócrata, no es revolucionario, no es socialista, ni comunista ni humanista, muchísimo menos cristiano, el venezolano es simplemente “lo venezolano”; y ese tumor maligno sólo puede extirparse con el mismo bisturí que Borges sugirió usar para extirpar de Argentina lo que él llamó “lo argentino”: siendo lo que realmente somos, UNIVERSALES.

Por tanto, y óigase bien, Chávez no es Universal, Chávez no es otro Cristo, Chávez vulgarmente fue un “patriotero” venezolano más, un “falsocristo” venezolano más, un “Jehová venezolano” que con su culto idolátrico del Estado (que era él mismo), y sobre todo de su ejército religioso-cívico-militar, hizo proféticas las palabras del filósofo Kierkegaard: “Incluso ahora, en 1848, desde luego da la impresión de que la política lo es todo; pero se verá que la catástrofe (la revolución) es lo propio de nuestra época y lo opuesto a la reforma: entonces todo apuntaba a un movimiento religioso y resultó ser político; ahora todo apunta a un movimiento político, pero será religioso.”

martes, 10 de abril de 2012

Un lector puede equivocarse, pero diez no.


viernes, 7 de octubre de 2011


Conoce la primera crítica del libro más vendido y comentado en las ferias literarias de Caracas en el blog: http://unanaranjaentera.wordpress.com/2011/09/18/3olibros-un-libro-de-este-ano-1730/



















EL SUPER EGO DE LOS ESCRITORES
En vista de que para algunos ha resultado sospechoso el que no aparezca mi rostro en las solapas de mis libros y en la web (y que esto ocurra en la era en la cual mostrar la face full es la moda, algo que para mí levanta la sospecha de que la gente, que ya cambió el espejo del baño por un monitor, buscando con tanta urgencia de epidemia ser vista allí por todos, está sufriendo una terrible ceguera de sí misma) y que en sus comentarios han dejado entrever sus dudas al no divisar en mi muro ninguna editorial conocida respaldándome, ni guindado uno de esos títulos o diplomas que suelen avalar a quienes escriben, quise responder con estas líneas de expresión para al menos dar la cara de cuarentón.

Pienso, como Borges, que Oscar Wilde siempre tuvo la razón: “Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte”, y considero que el DERECHO A NO DEJARSE VER debe ser asumido por los escritores más que por cualquier otro artista, pues si existe una profesión en la cual el rostro no va con el oficio es precisamente ésta. Nunca cursé carrera académica (mi universidad se llama Universo), ni e echo ningún curso literario (créanme), ni siquiera he recibido instrucciones de escritor alguno (todos se me escabulleron con inigualable elocuencia cuando me acerqué a pedirles ayuda) y, por tanto, con semejante curriculum avalando mi conciencia, jamás me consideraré un escritor, ni siquiera con dos libros editados a cuestas y cuatro metidos en un ordenador; y, la verdad, no veo por qué los otros se toman tan en serio eso de poseer título de autor. Creo que se les olvidó, o no lo supieron nunca, que un libro y toda expresión creativa sólo es una pequeñísima extensión del Ser dentro del universo, y el auténtico derecho de autor no pertenece a los hombres sino al Creador: Único Rector de la Universidad de la Vida que inspira y nos proporciona todos los elementos necesarios (incluyendo mente y cuerpo) para llevar las buenas obras a feliz término.


El escritor, según la filosofía de Parménides, es un “ser para sí”, “un ser por accidente”, un ser en cuyo camino apareció una pluma y un papel y terminó forjando una obra “para sí”; vía antagónica a aquella que conduce al hombre hacia el verdadero Ser (que el filósofo llamó “el ser en sí” porque vive desde su propio Ser y no desde aquello con que se tropezó). Por tanto, el Ser no debe ocuparse en empalabrarse sino, con infinita humildad, comportarse de acuerdo a la Verdad que palpita en toda la Creación (y dentro de él mismo). Debe recordar siempre que las palabras son innecesarias para el verdadero lenguaje, el lenguaje de la ternura (esto lo sabe hasta un niño). Muchos grandes escritores no quisieron entenderlo y por eso se hizo patente la discrepancia de sus vidas con sus obras (siempre ultrapasándolos a ellos). Por tanto, para mí la vida es una cuestión de actitud humana elevada, no de revolverse en un charco de letras, de géneros y estilos, creyéndose la garza nacarada más alta de la laguna.


El acto de escribir, debiendo ser una práctica que vaya debilitando al Yo hasta desmayarlo, resulta ser, remitiéndonos a las pruebas, todo lo contrario: es y ha sido el más exclusivo de los gimnasios en el cual se robustece al ego. Sí, ciertamente de sus puertas han salido ágiles gladiadores y muy buenos “esgrimistas de la palabra”, pero poquísimos de ellos lograron ejecutarse el haraquiri para poder, como Nietzsche, “escribir con sangre”. Como muestra fiel (sin dejar de recordar las palabras de aquél pensador venezolano que dijo que Uslar Pietri tenía un mar de conocimientos, pero de un metro de profundidad) hablemos de dos fornidos autores que se fueron a las manos por sus diferencias políticas. El gancho de “izquierda” que en defensa de Fidel Castro le propinó el Gabo a Vargas Llosa, fue respondido rápidamente con la contundente “derecha” de éste último; pero, contra todo pronóstico, el encuentro terminó con los dos en la lona: ambos olvidándose de vanas discusiones de cómo administrar la comida de los pueblos y cayendo en la fuerte tentación de embolsillarse el millón de dólares del premio Nobel (quizá me equivoque y la razón de apersonarse en Suecia no fue por los dólares que ya poseían). Visto de frente, lo que planteo sería un descomunal desatino de no existir atrás el extraordinario ejemplo de Jean-Paúl Sartre, quien sí es un verdadero campeón de pesos pesados por ser el único escritor que rechazó de plano ir a recibir, en medio de un aluvión de halagados aplausos, el mayor de los premios (esto es lo que se dice “estar implicado en el asesinato del ego”) ¿Por qué? ¿Por qué será que los actuales escritores no imitan, reseñan o remachan hasta el cansancio este significativo detalle?


No le busquemos la tercera pata al pájaro. Una de dos: el escritor se muestra por dinero (promoción= más ventas) o para hinchar su pecho como paloma. Además, si es cierto aquello de que una imagen habla más que mil palabras, me ahorro muchas resmas de críticas a las fotografías de los escritores en las solapas de los libros, viendo incluso a los autores consagrados usurpando contraportadas enteras (antiguamente buenos abrebocas) con un muy bien escogido fondo culto y con la típica pose de la estatua de Platón erigida frente a la Nueva Academia de Atenas. He visto a muchos de ellos atravesando la cámara con mirada de superintelectual, vestidos a lo Harvard con las infaltables gafas, pipas, estilográficas, sombreros, y los más osados con los cuellos de las chaquetas levantados a lo James Dean; pero la imagen que más me entristece es la de Bolaño con cigarrillo en mano (prefiero pensar que el escritor chileno fue influenciado por la editorial para que con su pose semejara a un detective salvaje).


Me pasa algo en la garganta, pero aún así quiero carraspear y dejar a mis amigos escritores (para que recuerden lo de “zapatero a sus zapatos”, y para que realmente sean un buen modelo de lo que pretenden ser) este ejemplo ejemplar: ¡Ejem..


Una amiga top-model, dedicada exclusivamente a mostrar su rostro en tapas de revistas y vallas publicitarias, me refirió que en la cresta de la ola de su fama un periodista le preguntó la razón por la cual nunca concedía entrevistas, y esta belleza le respondió que si estaba loco, que dejaría de ser modelo en el mismo instante en que abriese la boca.